Allí, en Inglaterrra, los radares parecen casitas de pájaros.
Una gracia. Un pájaro, que lleva todo el día volando, ve el radar y piensa que es una casita. Se mete a 100, y la velocidad máxima es 20. El radar le pilla.
Por la tarde, un policía llama y … ¡horror!, ¡LE HAN PUESTO UNA MULTA!