sábado, 30 de enero de 2016

jueves, 28 de enero de 2016

martes, 26 de enero de 2016

lunes, 25 de enero de 2016

MANDALA

domingo, 3 de enero de 2016

MANDALA DELFÍN


sábado, 2 de enero de 2016

MANDALA


sábado, 21 de noviembre de 2015

La tortuga


viernes, 17 de julio de 2015

«El recuerdo de mi abuela y la Romería»



Me levanté entusiasmada. Cualquier del día del año refunfuñaba por madrugar, cualquier día excepto el de la Romería. Desayuné lo más deprisa que pude y me vestí con la ropa que debía llevar.

María, es tarde, — indicó mi madre—, está la abuela esperándote abajo.
 
Bajé las escaleras de casa corriendo y allí me encontré con mi abuela, vestida con la ropa de la Romería y perfectamente arreglada, como todos los años. Le di la mano y bajamos hasta la plaza. Allí nos encontramos con nuestra carreta, y bajamos bailando y cantando hasta la Herrería. Al llegar al campo, recogí unas cuantas flores. Entonces cogí a mi abuela de la mano y la llevé hasta la ermita. Cuando llegamos, la sonreí y ofrecimos a la Virgen las flores. A continuación rezamos a la Virgen de Gracia.
 
Aquel día había sido bastante largo. Habíamos bailado, comido y reído hasta no poder más. Llegamos a casa tardísimo. Mi abuela me llevó hasta casa, me tumbó y me tapó. Me contó un cuento y me dormí tomando su mano. Esa fue mi última Romería al lado de mi queridísima abuela. Mi corazón sufrió un vuelco al enterarme de su grave enfermedad. Solo disfruté de mi dulce protectora tan solo un par de meses más; ¡Mi Virgencita de Gracia, cuídamela!
 
Los años han pasado, y ahora soy yo la que acompaña a mi amadísima nieta. Los ojos se empañan de lágrimas cuando juntas y cogidas de la mano rezamos a la Virgen de Gracia en aquella acogedora ermita. Allí veo, en mi mente, el reflejo, aún infantil, de mi queridísima abuela. Y en este momento de máxima felicidad, rezo por ella a mi virgen y pido, con todo mi corazón, por mi nietecilla: ¡No nos abandones nunca, Madre Mía!
 
 
 
 

sábado, 10 de enero de 2015

SIGO SONRIENDO

Por lo menos me quedan las pocas conversaciones, los pocos recuerdos. El problema es que cada día que pasa, el olvido y el dolor es más grande, y cada vez son más los días sin tí que contigo. Pero... soy feliz y sigo sonriendo. Siéntete orgulloso, una persona sonríe por tí cada día, ya que poca gente tiene ese privilegio, sigo sonriéndole a la vida como me enseñaste, a vivir cada momento, a aprovecharlo.

viernes, 8 de agosto de 2014

NUESTROS MEJORES RECUERDOS

Solíamos pasear por la playa
en los días calurosos de verano
y cuando bajaba el sol
nos sentábamos agotados

Contábamos historias,
nos bañábamos en el agua salda,
eran otros tiempos,
nada cambiaba

Empezábamos en un extremo
y acabábamos en el contrario
y son el mejor recuerdo
de todo un verano

Después de tanto reir,
de sonreir y caminar,
nos sentábamos,
e intentábamos descansar.

Pareció inútil
y en un momento impredecible
soñé con cosas
incapaz de decirle

Le miré y sonreí
miré al frente
y vi como el sol se escondía
Sin ser consciente
  
IRENE